martes, 7 de mayo de 2013

Dicen que las princesas tienen que ser perfectas. Dicen que tienen que vestir bonitos vestidos y llevar altos tacones de cristal. Que llevan coronas en su perfecto pelo, ese que siempre está tan bien peinado. Dicen que son amables, cariñosas, que no molestan, pelean, ni gritan y tampoco insultan. Dicen que son un sueño, siempre con una sonrisa en la cara. Y también dicen que las chicas debemos ser princesas para encontrar nuestro príncipe azul. Yo no soy perfecta, odio los vestidos, los tacones de cristal se romperían con el paso que llevo, y no aguantaría más de cinco minutos con una corona en la cabeza. Yo no soy un sueño, al contrario, soy una pequeña pesadilla. Soy esa chica caprichosa, que viene y va, sin preguntar, la que lo quiere todo a su control. Soy esa que si las cosas van mal, llora como un niño pequeño cuando no tiene lo que quiere. Siempre sonrío, en eso me parezco, pero no, sonrío por no poder ser una princesita. ¿Y quién lo querría ser? Si a estas alturas lo único que consiguen las princesas, son sapos a los que besar.

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